Avatar. El ser de la oscuridad.
Una lluvia pesada y silenciosa caía fuera. Los charcos aceitosos y oscuros parecían absorber la luz. No había luna, ni nubes. El cielo era como un sucio parche de linóleo gris e inmóvil. No soplaba brisa alguna, ni viento. Era como un escenario abandonado de película, como una foto gastada. No había movimiento. No había… vida.
En el interior de la fábrica de cerveza abandonada, Alison abandonó la ventana y paseó su mirada por el interior de la nave. Demasiadas ventanas. Demasiadas opciones. Alia mantenía fija una mirada interrogadora en ella.
-¿Qué pasa Alia?
-Nada. No sé.
-Dilo Alia.
-Yo sólo… Es que…. ¿Cómo sabemos que va a entrar por la puerta?
Alison puso las manos sobre sus hombros e intentando que no se notara lo mucho que temblaban la miró fijamente a los ojos y mintió.
Todo va a salir bien, está todo controlado Alia. Viene a por el símbolo, ¿recuerdas? Entrará por la puerta y se dirigirá directamente hacia él. Y no dejaremos que llegue.
El símbolo. Un maldito parche de piel con forma triangular, extraños grabados y hendiduras cuya sola visión causaba repugnancia. En principio era sólo una amenaza un tanto original de una banda de gánsters para que se mantuvieran al margen. La Banda Carmesí.
No quería recordar el estado de las casas de los anteriores receptores de esos símbolos. La destrucción, la violencia y esas manchas en la pared. Carmesí. El color de la sangre. Los familiares de aquel pobre anticuario no tendrían un cuerpo que velar ni que enterrar. Estaba muerto desde que aquellas tablillas con inscripciones indescifrables cayeron en sus manos.
Unos minutos antes, Figgs lo había sacado con las puntas de los dedos de su bolsillo y lo había depositado en el centro de la nave. Luego había retrocedido al fondo, donde Alia y Alison esperaban, respiraba de forma entrecortada. Cuando llegó a su altura se paró y muy lentamente, como iluminado por una revelación, metió la mano en su bolsillo y lo volvió a sacar.
Repitió la operación, pero todos sabían ya cuál sería el resultado. No había ninguna manera de separar a Figgs del símbolo.
Figgs miró a sus compañeras mientras se limpiaba las sudorosas palmas de las manos en los pantalones y cogía la lata de gasolina. El color había abandonado su rostro y las palabras salían pastosas de sus labios crispados. Intentaba conservar la calma.
-Entonces, ¿seguimos con el plan?, ¿esperamos al fondo de la nave?- Preguntó desenroscando el tapón.
Las dos asintieron. Él se dirigió al centro de la nave y empezó a verter el líquido formando un círculo. Alison sacó el mechero, levantaba la tapa y la cerraba, la levantaba y la cerraba. Click. Click. Alia parecía absorta. Sus labios se movían sin sonido. Click. Click. Alison sabía lo que la muchacha estaba haciendo. Repasaba las palabras de la desinvocación en su cabeza. El silencio era torturante. Sabía que en la chapa de la nave seguía cayendo la lluvia sin sonido alguno. Fuera de la fábrica, un universo muerto entraba en esta realidad que contenía el aliento aterrorizada con la vana esperanza de que lo que fuera que iba a venir pasara de largo.
Lo que iba a venir. El monstruo. El terror. La Oscuridad.
Lo que iba a venir. .. Ni siquiera sabía exactamente lo que iba a venir.
Figgs retrocedió de nuevo hasta ellas apurando la lata hasta formar un reguero que terminaba prácticamente a sus pies.
Lo que esperaban no entró por la puerta. Entró por la ventana. A sus espaldas. No hubo un aviso, ni un rugido, ni un ruido. Los cristales saltaron con un sonido amortiguado, como escuchado bajo el agua. Los tres se giraron y lo vieron entrar. Y lo que vieron no era un monstruo, ni era un demonio, lo que vieron no podía ser descrito con palabras, todo maldad y terror, como un trozo de negrura arrancado de otro mundo. Un trozo de negrura enorme.
Con unos dientes enormes.
Alison corrió hacia la puerta de la nave sin pensarlo. Olvidó que estaban ahí para detenerlo. Para devolverlo. Para combatirlo. Sólo quería alejarse de aquella cosa. La nave era muy grande y se dio cuenta de que tardaría demasiado en cruzarla, también se dio cuenta de que se había alejado del reguero de gasolina aunque comprobó aliviada que aún llevaba el mechero en la mano.
Miró hacia atrás por encima del hombro mientras seguía avanzando. Alia corría tras ella, pero Figgs no se había movido del sitio. Al fondo, de espaldas a ellas y frente a aquella cosa, el profesor de universidad permanecía inmóvil, con las manos colgando laxas a los costados de un cuerpo encorvado, con la mirada gacha, paralizado por el terror y con el arma a sus pies. Vio como Alia se daba la vuelta, se paraba en seco, levantaba la escopeta apoyando la culata contra su cuerpo y disparaba.
Falló.
Había que expulsar a aquella criatura de este universo aún a costa de sus propias vidas. Ella lo sabía. Los tres lo sabían. No había tiempo para la duda. Ese Ser no la tenía. Avanzaría destruyéndolo todo inexorablemente a su paso y se llevaría a Figgs por delante. Era una certeza. Y sin embargo la duda es quizá lo que nos convierte en humanos.
“No puedo pararme”.
Pero Alia sí se había parado…
“Esto es más importante que nosotros”.
Pero Figgs va a morir…
“Ella tampoco te dejaría a tí. Él tampoco te dejaría”.
Alia se ha parado, sin ella la invocación no tiene sentido…
“Y si ella siguiera corriendo, ¿dejarías a Figgs?”.
El pensamiento le revolvió las tripas.
“Dispararé mientras corro y si así no acierto, entonces me detendré”.
Entonces ya no hará falta que te detengas porque Figgs estará muerto…
Alison se giró sin dejar de correr. Levantó la mano, apuntó su 32 por encima de la cabeza de Figgs y disparó. La bala impactó de lleno en la ominosa negrura que se cernía sobre él.
Podría decirse que el Ser la miró si hubiera tenido ojos. En cualquier caso ella supo que su atención estaba ahora centrada en ella. Cambió de dirección y empezó a correr para atravesar el círculo. “Tengo que prender el círculo, hay que meterle en él y pronunciar la contrainvocación”.
Su desesperada carrera cortó tangencialmente la circunferencia de gasolina. Justo al cruzarla se giró. Aquello se abalanzaba sobre ella, pero durante unos preciosos segundos estaría en el centro del círculo. Levantó la tapa del mechero. Al otro lado tras la criatura Alia apuntaba con la escopeta para salvar su vida.
¡No Alia! ¡No hay tiempo! ¡La invocación! ¡Empieza ya!
Giro la rueda del mechero y lo dejó caer.
Al fondo vio como Figgs se lanzaba hacia una de las ventanas traseras, su rostro era el rostro de la locura.
Alia pronunció la primera palabra sin aliento, agotada por la carrera. Alison la repitió. La segunda. La repitió. El aire comenzó a cargarse de algún tipo de energía. La voz de la joven muchacha ya no parecía la suya, retumbaba en las paredes de la nave cargada de poder.
“Trae el sonido de vuelta”.
Desconocían el precio exacto que pagarían por apelar a una magia tan poderosa, caerían desmayadas probablemente y quién sabe cuando despertaran qué habría sido de toda su cordura. Pero eso no importaba si lo conseguían. Una sola palabra mal dicha y el mal estaría hecho.
Alia seguía pronunciando palabra tras palabra, parecía cada vez más débil, estaba muy pálida y cubierta de sudor frío, las manos crispadas, los ojos extraños. Alison repetía cada palabra casi enlazando con la letra final pronunciada por su compañera.
-”Imas”
-”Imas”
-”Veghaymnko”
-”Veghaymnko”
-”Quahers Sewefaram!”
Había sonado como una “S”…. no era así….estaba casi segura de que no era así, durante noches enteras había estudiado aquel papel con la transcripción fonética, pero Alia lo habría estudiado también… La miró. Parecía exhausta. Las dos desconocían lo que llevar el peso de dirigir la desinvocación podría hacerle. En su mirada había pánico. Su mirada decía ¡repite!
Las llamas decrecieron, entonces las dos supieron exactamente qué es lo que había en el centro del círculo: El Avatar de un Dios. Eso contra dos muchachas valientes pero estúpidas y un trozo de papel memorizado con una transcripción fonética de un idioma inexistente que nadie sabía leer. Seguramente fue un segundo, sólo un segundo de duda, pero sintieron todo el poder del mal y la debilidad de su humanidad.
Pero es la duda lo que nos hace humanos. Y él lo sabe. Eso es lo que está haciendo. Todavía estoy a Tiempo. Alison gritó.
-”¡¡QUAHERS XEWEFARAM!!”
………………………………………
Tras correr gritando desesperado más de un kilómetro, Figgs volvió a la fábrica de cerveza abandonada, aún con un brillo demente en sus ojos y apretando su pecho con la mano. En el suelo, a los lados de un círculo ennegrecido, los cuerpos de las dos muchachas inconscientes parecían casi dormir.
Qué bonita foto. A Alia le habría gustado. –Pensó.
Les tomó el pulso. Iría a por unas mantas al coche y las trasladaría al hospital donde tenía un buen amigo que nunca hacía preguntas. Sin preguntas, sin policía, sin reconocimiento, sin recompensas. Así era siempre.
Fuera en la calle, la lluvia repiqueteaba contra el metal del tejado y caía mansamente sobre una ciudad que estaba de nuevo a salvo.

Cómo mola el relato! Me encanta cómo reflejas el avatar. La verdad es que da más miedo que el que describí en la partida
Por cierto, me encanta el momento de terror infinito cuando Alia y Allison se ven como simplemente dos chicas asustadas con un papelajo garabateado ante el avatar de un dios oscuro, enorme y mortífero
Jolín hermanita como mola tu relato!!!
Tuvimos suerte de salir enteras…
para acabar siendo poseídas por unos abuelos del 2035 que se aprovechan de nuestros jóvenes cuerpos!
Pero que dura es la vida del investigador!!!
Dura y sin cobrar un duro :-p
Al menos nos quedará el Pooga y sus impresionantes mujeres/hombres, aunque sea con mentes ajenas poseyendo los cuerpos de nuestros investigadores
Uys… que no se entere nadie de que os pongo partidas chechuales de posesión geriátrica jajaja. Si Lovecraft levantara la cabeza!
XD